viernes, 19 de octubre de 2012

Páginas, yo tu tinta.

Me duele saber que ya no tengo tus páginas en blanco para escribir mi historia. Duele saber que has cambiado la tinta con la que permites que escriban sobre tus delicadas hojas. Mientras tanto; Qué hago con mis palabras vacías? A quién recurro cuando mi cuerpo no aguante tantas letras?. Dime, por qué lo has permitido? Ella ahora es todo para ti. Es la que da color a cada linea de tu vida. Quien dibuja en portada tus alegrías.

Pero yo nunca quise ser titulo en tu libro. Me bastaba con que se redactara de mí, sobre ti. Había espacio para dos. Ella podía escribir con tinta de color, risas, versos, poemas y canciones. Y yo con mi carbón escribir lágrimas y secretos.

Duele saber que aquello que escribía en páginas que me regalabas, no tienen importancia. Solo podré utilizarlas para archivarlas en mi corazón.

No pido que borres las historias que ha escrito en ti, pero sí, que aprendas a separar lineas vacías para que en un futuro mi carbón vuelva a trazar palabras en tu libro.

lunes, 15 de octubre de 2012

Lluvia

Afuera llueve. Y tú sigues sentada allí, junto a la ventana. No te has movido desde que se fue. Quizás porque tengas miedo de que no regrese, quizás por el deseo tan fuerte de volverlo a ver.

Afuera llueve. Y las gotas son cada vez más fuerte. Los vecinos duermen menos tú. Que esperas paciente impacientemente. Estas cubierta por una manta que huele a él. Sí, la misma que utilizó para cubrir su cuerpo. La misma con la que cubres el tuyo. Tallado perfecto. Artesanía única de tan experimentado escultor.

Afuera llueve. Y hace frío. Pero tu cuerpo no lo siente. Los cristales de las ventanas comienzan a empañarse.  Como en un especie de trance vas desasiendo todo lo que llevas. Pero sigues ahí, junto a la ventana. Desde aquí puedo ver a las personas correr de un lado a otro, esquivando grandes charcos, con prisa, intentando escapar de la lluvia. Buscando con la mirada uno que otro espacio en algún lugar cercano donde esperar.

Afuera llueve. Y una que otra mirada se posa en tu ventana. Sonríen. Y poco a poco tu cuerpo va produciendo más calor. Mi mundo se detiene. Sé que ya no escuchas ni ves nada. El dulce olor a él, de sus sabanas, se mezcla con tu respiración. Puedo ver tu piel erizar. Arqueas tu cintura. Intentas abrir tus ojos, pero no puedes. Haces un gesto con tus labios que me huela la cabeza. Siento el calor que brota de tu cuerpo, como una especie de vapor. Te quedas inmóvil unos segundos. Poco a poco vas recuperando tu estado normal.

Afuera llueve. Los cristales ya no están empañados. Hay varios curiosos en medio de la calle. Miran al cielo. Miran tu ventana. Sonríen como quienes acaban de presenciar un encuentro. El mejor de todos.

Afuera llueve. Sonríes complacida. Estas feliz por tu osadía. Respiro. Y tu mirada se cruza con la mía. Te sonrió. Estoy nervioso. Dejo a un lado el periódico que hace mucho tiempo deje de leer. Tiro varios billetes sobre la mesa, es el pago de aquél café que nunca bebí. Me pongo de pie y me marcho de la cafetería.

Afuera llueve. Toco el timbre de la puerta, pero para mi sorpresa esta entre-abierta. Me esperas. Y sin perder tiempo terminamos aquello habías empezado.

Afuera llueve. Y mi corazón se lamenta. Otro día más que me invento una historia, esperando algún día poder sacarte de mi cabeza.

jueves, 11 de octubre de 2012

Amor de tres ¿Funciona?

...
- De ahora en adelante seremos uno.- Y con una gran sonrisa se acerco para besarle la frente.

- De ahora en adelante seremos tres.

Aquellas palabras que Laura acababa de pronunciar resonaban en su cabeza. Había sentido un gran hueco en su estomago. Comenzaba a sudar. Lo podía sentir. ¿Habrá querido decir que ella y él...? Agitaba su cabeza en negación. Espantando ideas que se intentaban colar entre sus pensamientos. Luego de varios segundos en silencio se apresuro a contestar.

- No entiendo cuando dices que seremos tres.

Laura no puedo suprimir una risita traviesa.

- La realidad es que siempre fuimos tres. ¿Quién pensaría que la relación de tres funciona?

- Haber. Laura. Creo que no estoy entendiendo. ¿Podrías explicarmelo?

Aquella joven con su mirada traviesa, lo tomo de las manos.

- Seremos tres en esta relación. Tu, yo y Dios. Los tres trabajaremos para que esta relación funcione. Tu no dejarás de ser tu. Yo no dejaré de ser yo. Y Dios seguirá siendo el piloto de nuestro corazón.

Con una gran sonrisa se acerco y devolvió el beso que había recibido. Lo abraza muy fuerte, tanto así que él puedo sentir los latidos de su corazón. Él sabe que esa chica de rasgos dulces siempre buscará la manera que momentos como ese nunca se olviden.


domingo, 7 de octubre de 2012

Silencios

Tanto amor. Tanto aire para respirar. Tanto espacio. Tantas caricias. Tantas palabras vacías. Días tras días y todo era mentira. Tu sonrisa, tu mirada, tu respiración acelerada rozando mi cuello, tu cuerpo sobre el mio.  ¡Mentiras! Todo ahora me sabe a mentiras.

Subí al cielo, hice piruetas, me acosté sobre suaves nubes, jugué con estrellas pero tu amor, fuertes rayos del sol, calentó mi corazón, me agrieto el pecho y comencé a caer, lento, muy lento. Mi cuerpo se sentía ligero como el peso de una pluma. Pero aún así, caía lento. Pero cuando me di cuenta ya caminaba sobre el fuego. Entonces con ojos cerrados, corrí, me caí y entendí que todo fue mentira. Nuestro amor es una mentira. ¡Mentiras y más mentiras!

Y el pensamiento se arruga al recordar tus palabras lisas. Siempre tan precisas, siempre... tan vacías.

Y deje de ser yo para ser tu dama perfecta. Esa que se desvivía. La que construyó castillos de brillos, solo para ti. Y como niño encaprichado, de una patada, destruyes todo eso que mi amor hizo para ti. Y con la ligereza del viento, posas tus manos sobre mi cuerpo y como quien pide un deseo, tus golpes son cada vez más intensos.

Con mis palabras



Dije cosas que quizás… No recuerdo como fue. Comencé a caer y me deje llevar. Estaba ciega de sentimientos encontrados. Pero quien estaba frente a mí eras tú. Esas palabras no tenían dueño pero sí apellidos.



¡Maldición! 




Fuiste el elegido. Tuvo que ser tú quien ganara el torrente de insultos que mi corazón disparaba. Este corazón vació que anda por el mundo como cuerpo sin alma, en pena.





El papel de tu vida estrujado esta. Se agrieto tu corazón y poco a poco con mis palabras termine pudriendo lo que quedaba de amor. ¡Nada! Solo me cuesta continuar fingiendo que estoy bien y que te entiendo. Pero odio ese momento. Odio tu silencio. Continuare a tu lado como muñequita que adorna el cuarto. 
22 de julio de 2010

sábado, 28 de julio de 2012

Favoritos del mes de Julio

Hace varios días he visto blog de moda y canales de youtube. Todos o casi todos tenían en común un tag titulado "Favoritos del mes". Y sí, quiero hacerlo pero a mi estilo. No digo que me lo estoy inventando, porque no. Esta idea ya la tuvo otra persona. Yo solo la estoy adaptando a mis intereses y con relación al blog. Quien desee hacerlo esta cordialmente taggeado, pero en especial me gustaría ver sus contestaciones Hilo Rojo, Impulsiv@, Silencios Compartidos, Mi Otro Mundo.

Aquí va la explicación: Favorito del mes es un tag donde la persona menciona una lista de sus productos o algo en particular, favorito de ese mes. Tiene como principio mencionar aquello que estuvistes utilizando constantemente ese mes. Algo que te llamo muchisimo la atención y lo recomendarías.

PREGUNTAS:

1. Entrada favorita del mes (propia)
* En el Tiempo... Contigo

2. Blog favorito del mes
Nany's Klozet

3. Entrada favorita del mes (blog)
* Sus imperfecciones la hacían tan hermosa

4. Libro o frase favorita del mes
‎"Saber que estoy en el lugar correcto no es difícil. Lo sé cuando nisiquiera me he ido y ya siento que le extraño. Lo sé cuando ya me he ido y cuento el tiempo hasta regresar a él. Lo sé cuando ya de vuelta con cada paso que doy se me multiplican las ideas, se me hacen claras las historias y nadie más puede entenderlo, sólo yo, mientras camino."- Yésica Isabel


5. Canción favorita del mes
* Querido Tommy - Tommy Torres


6. Video favorito del mes
* 11:11 - Tommy Torres

7. Pelicula favorita del mes
* I walk to remember

8. Comida favorita del mes
* Lasagna con arroz blanco, amarillos, ensalada, y pan con ajo

9. Lugar favorito del mes
* Mi casa, mi cama

10. Momento favoritos del mes
* Reunión de bloggeras en San Lorenzo, Puerto Rico (Hilo Rojo, Silencios Compartidos, Impulsiv@)




Espero sus respuestas. Pueden dejarme el link a sus blog en los comentarios.

Actor

No. Repasemos. Era un jueves, no gris, ni llovía como dice Arjona en su canción. Pero era jueves y allí estaba yo. Sentada, ansiosa y nerviosa. Mirando los segundos, minutos y horas. Pensando en tí. En tu sonrisa, en tu mirada, en tus labios. Sí, deliciosos sabor a nutella. Refrescantes, carnosos, suaves. Allí estaba yo y tu que no llegabas. Cada vez era más difícil la espera. Y no es que esperar por tí sea difícil, lo difícil es aguantar estas ganas de amarte, besarte y abrazarte. 



Y como en un abrir y cerrar de ojos, ya estabas allí. Miro mi reloj y me doy cuenta que solo fue dos minutos de demora. Dejo de morder mis uñas, apago las luces para ver mejor, porque su reflejo choca con la pantalla de mi televisor. 

sábado, 21 de julio de 2012

En el tiempo... Contigo (II)


Delia “su amada”- la de Don Santos es una dama de 72 años. Al igual que él se levanta temprano. Practica yoga en la azotea de su casa. Luego acompaña a su esposo a misa. Desayuna con las señoras del club de lectura. Se dirige a su casa, prepara el almuerzo y a lo que llega Don Santos hace la colada. A las 12:00 (en punto) se sienta en la mesa. “Las sopas o viandas saben mejor si se comparten con el primer amor”. Luego de su siesta de 15 minutos, mientras Don Santos pasea a su perra “Chata”, Delia se prepara para tocar el piano. Es una de las pocas cosas que le gusta hacer en soledad. Disfruta ese momento donde su mente, corazón y cuerpo se convierte en solo uno. A Don Santos le apasiona escucharla tocar el piano pero Delia se siente cohibida con su presencia.

            Dedicar su vida al cuidado de su esposo es lo más importante. Al despertar da gracias a Dios por la oportunidad de un nuevo día. El solo echo de saber que tendrá la dicha de ver a Don Santos sonreír en las mañanas, caminar con su perra “Chata”, tomar el cafecito de las 3:00pm, leer sus libros, sentir sus manos tomarla por la cintura, su beso de buenas noches y su respiración relajada junto a su espalda, es suficiente para ella. No importa sino vive con riquezas o su casa no este llena de nietos corriendo por todos lados. No importa si son solo ellos un 24 de diciembre o tomando un chocolate caliente en una noche fría junto a la chimenea. Solo para Delia es importante el amor que Don Santos pueda regalarle mientras este “En el tiempo conmigo”.c

viernes, 13 de julio de 2012

Esto es una "pasarela"

Las personas. Muchas vienen y van. Iguales pero tan distintas. Muchos entienden el idioma y otros tantos no. Pero ahí van, caminando, buscando y haciendo historias. Desde aquí puedo sentir el sabor del café caliente que se lleva a la boca la doñita de al frente. Sí, lo sé, sé que tiene buen sabor, porque nada se compara con su expresión. Si la vieran, no deja de relamerse los labios. Y yo que no soy dulcera, ya estoy empalagada con tanto mantecado que se han dado de piquito estos dos "noviecitos". El arroz chino no lo cocinaron bien. Un padre enojado se levanta, va al puesto de comida china, dice dos y tres palabras, regresa con un nuevo plato y todos felices comiendo.

Las personas. Muchas vienen y van. Muchos siendos y otros aparentando "ser". Enamorados, tomados de la mano. Hombres agarrando por la cintura a su pareja como diciendo "Ella es mía y pobre de ti si me la miras". Algunas con sonrisa, como si fuera motivo de alagos y otras tiezas conociendo la verdadera razón; injusticia y manipulación en ese acto. Hombres, mujeres, ancianos y niños. Estos últimos con rabietas por no tener el juguete deseado. Padres sonrojados por no tener la autoridad suficiente y hacer entrar en razón a sus niños. Y sí, también por ahí van niños contentos con el helado que mamá y papá les compro como recompensa por haberse portado bien en las tiendas a pesar de la tortura que ha sido estar de lado a lado durante seis horas. 

Y es que aquí se ve de todo y se escucha todo. Por ejemplo el señor cuarentón que esta sentado en la mesa izquierda a la mía, le pregunta a su receptor que color de ropa interior lleva porque "no puedo esperar llegar a casa". Y no miento. Esto es real. Como también lo es ver a ellas (y también uno que otro ellos) utilizar el lugar como pasarela, haciendo referencia a la canción del yankee "boricua" provocando que los cuellos de muchos (y ¿por qué no? también de ellas) se mueva como un "abanico" de "lao a lao". Y es que si piensas que he visto mucho en tan poco tiempo de espera, ¡se equivoca!

Las personas. Muchas vienen y van. Sin bolsas y otras les faltan manos para dar abastos, entre esos, se encuentra una mujer que por su aspecto parece tener 26 años. Bolsa Zara, Banana Republic, GAB, Macy's y Mac. (Todas estas sin exagerar) ¿Y como me di cuenta de eso? Sencillo, tardo más de cinco minutos buscando en su bolso (así suena mas "chic") algún menudito que le ayudara a completar para un combo de whopper jr. en un famoso "fast food" del lugar. Y para que contarle del niño de seis años aproximadamente que camina hablando desde un iPhone. ¿Perdon? ¿Como es posible esto? Y no. No me digan que quizás es de su madre porque no lo creería. Ella va tres pasos más "alante" hablando con otro igual. Que me dicen de la señora muy apuesta que va contenta con el coche de bebe, se dobla para hacerle cariño y de pronto ¡ ta-ta-ta-tan!................ Un perro asoma su cabecita y le lame la cara. 

¿A donde quiero llegar con todo esto? A ningún lugar. Solo decir que aquí "todos vienen y van". 

viernes, 6 de julio de 2012

En el tiempo... Contigo

Don Santos. Sí que es un santo. Se despierta temprano todos los días, le da de comer a sus animales; una perra, una gata y un guacamayo. Barre el patio, riega las flores y a eso de las 6:00am va a misa, luego desayuna en la cafetería más cercana a la plaza. Charla con todos los de su edad, mientras disfruta de un buen juego de ajedrez. A las 12:00pm almuerza las deliciosas sopas o viandas que prepara su "amada". Un baño ligero, una siesta de 15 minutos, dos horas de paseo con su perra "Chata", otra ducha ligera, el cafecito de las 3:00pm. Dedica dos horas más a la lectura mientras acaricia a su gata "Algodón". Le gusta esa escena, estar sentado leyendo mientras su gata se acurruca a su lado y su perra "Chata"se acuesta a sus pies.

A diferencia de otras personas de su edad, a Don Santos le gusta cenar a las 6:00pm. Una cena fuerte, acompañado de su amada y una botella de vino. Él es el encargado de lavar los platos en la tarde. Lo hace gustoso. Enciende la radio y muy alegre canta mientras le tira guiñadas a su amada. Dan las 7:00pm, las ventanas están cerradas, la limpieza de la casa realizada. Toma de la cintura a Delia su "amada" y se abrazan, bailando poco a poco, al ritmo de la música escuchada. Le recita poemas en su oído, la mira con cariño.

Otra ducha, se apagan las luces, Don Santo se arrodilla, recita sus oraciones, besa en la frente a Delia su "amada", le dice cuanto la ama. Se acomoda en su cama y se prepara para un nuevo día si Dios lo permite.

To be continue...

martes, 3 de julio de 2012

Entre Sabanas Blancas (novela)



"Sentado bajo el árbol, el más grande y hermoso del parque, estaba él, escribiendo una carta para su amada. En ese momento no sabía que escribía, pero luego, los años se encargaron de contarme su historia y la mía".


15 de diciembre 1965

Hoy es uno de esos días que no me importa nada, pero todo. Que siento frío pero ando descalzo y sin abrigo. Que la vida me sonríe pero le doy la espalda...
Hoy es uno de esos días que lo quiero todo pero nada. Que me comería el mundo pero no me muevo. Que bailaría bajo la lluvia pero no me arriesgo...
Hoy es uno de esos días que no sé quien soy pero grito mi nombre con orgullo...
Hoy es uno de esos días que te amo... pero no te tengo...

por siempre, el que te amara y no dejara de hacerlo.
Yo


Capitulo 1 "Desde mi Ventana"

Su rostro reflejaba tristeza. Aquel pobre hombre, debía estar pasando un mal momento. Yo lo miraba desde mi ventana, ocultándome entre las cortinas de muselina color blancas que las adornaba. Sentía que mi corazón latía con más fuerza. Podría jurar que en ese momento pensaba que se me iba a salir.

Verlo allí con su mochila, lápices, libreta en mano, escribiendo con sus lágrimas rodando por su mejilla. Aquella imagen me hizo amarlo sin conocerlo. Desearlo y esperarlo. Mientras más lo contemplaba en silencio, más deseaba saber que escribía. ¿Por qué estaba tan hundido en sus pensamientos?... Quien fuera la mujer a la que él le escribía, debía ser fría e inmoral para hacerlo sentir tan triste y desdichado.

Entre suspiro, pasaba el tiempo y justo cuando él se disponía a levantarse para marcharse, mi madre me sorprende mirando por la ventana.
-¿Qué tanto mirabas por la ventana?
-Nada, solo buscaba respirar aire fresco.
Suerte que cuando se acerco él ya no estaba.

...

Los ojos de mi madre no tenían el mismo brillo que en la mañana. Pensé que quizás estaba cansada o por enfermarse. Su acercamiento fue seco y distante. En ese momento no me percate que intentaba esconder su tristeza. ¡Pobre! Ahora que lo pienso ella nunca estuvo de acuerdo...

-¡Hija! Arréglate, a la hora de la cena tendremos unos invitados muy especiales. No te preocupes por tus responsabilidades en la cocina, tu tía Emma vendrá ayudarnos.
-¿Quienes son esos invitados especiales?- Le pregunte a mi madre intentando ignorar su tono de voz triste,  incomodo.
-Cariño, no te preocupes por saber quienes son desde ahora. En su momento los conocerás. Ahora encárgate solo de arreglarte y verte hermosa.- Se despidió de mi, dándome un beso en la frente. - Te amo.


Le sonreí. Cuando ella salio de mi habitación, regrese a la ventana para ver si aquel chico del rostro triste había olvidado algo que lo hiciera regresar. Pero ya no estaba. Entonces mi cuerpo se dirigió al baño, me duche, me tire en la cama pero mi mente solo pensaba en él. ¿Es posible que me halla enamorado a primera vista?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por los pequeños golpecitos que dieron en la puerta de mi cuarto.

-Hija no tardes en bajar.
-No te preocupes papá, estoy en un momento.
-¿Qué es ese escándalo? ¿No me digas que aún no te has vestido por andar tirada en la cama soñando despierta?
Mi risa me delato. Mi padre me conocía mejor que nadie. Era un hombre sabio, amable, muy respetuoso y respetado en el pueblo. Comencé a correr por todo el cuarto hasta estar lista.

...

De pies en el borde del primer escalón de las largas escaleras en mármol que recorren de un piso al otro hasta llegar al comedor, me encontraba. No sabía porque mi pulso se aceleraba. Sentía como poco a poco un nerviosismo se apoderaba de mis pies, subía bruscamente por mi cintura. Lo podía sentir como calentaba el húmero hasta llegar a mi garganta convirtiéndose en un gran nudo que me imposibilitaba respirar. Solo podía tener conciencia de como poco a poco perdía la sensibilidad en mi cuerpo. Comencé a ver nublado y todo a mi alrededor giraba. ¿Qué sucede? gritaba mi mente. ¿Como era posible que ya no podía escuchar escuchar nada, ni siquiera los latidos de mi corazón que corrían a la velocidad de cientos de caballos huyendo del peligro?... Justo cuando sentí que me iba a desmayar, una cálida mano que rozo mi hombro, me trajo devuelta. Era como si en ese pequeño contacto me devolvieron toda la tranquilidad que me arrebato el miedo y el presentimiento de que mi vida ya no volvería ser como antes.

Siempre sus ojos habían sido mi espejo. Todo lo que necesitaba saber, lo conocía a través de su mirada pura, cristalina. Pero al igual que los ojos de mi madre, no tenían el mismo brillo que en la mañana. ¿Qué estaba ocurriendo? Me preguntaba una y otra vez hasta reflejar mi angustia en el rostro.

-¿Qué te sucede mi niña? Estas muy pálida. Deseas que te traiga un té?
-No. ¡Gracias! Así estoy bien, solo que...- Analice las palabras que iba a desvestir, sabía que no eran adecuadas y preferí dar por terminada lo que se podía convertir en una larga conversación donde mi monologó iba a predominar.- olvídalo.

-¡Hija!- Se escucho la voz de mi padre desde la puerta principal - Nuestros invitados acaban de llegar y desean conocerte.

No sabía si alegrarme por escuchar a mi padre salvarme de la inquietud que acababa de provocar en ella, o nuevamente sentir los efectos del nerviosismo. La realidad es que no tuve tiempo para elegir ni la primera o segunda opción, porque cuando me percate, ya estaba junto a mi padre. Nunca supe como llegue allí.


Todo "al parecer" había salido como mi padre lo esperaba. A la hora del té no se hablaba de otra cosa que no fuera de la cena y de los Luvices. Solo ella y yo permanecíamos en silencio, escuchando los argumentos de mi padre, madre y mi tía. Estábamos tan hundidas en nuestros pensamiento que poco a poco las palabras tan eufóricas de los adultos se convirtieron solo en susurro.


No recuerdo muy bien cual fue mi expresión cuando me vi parada frente a esa familia tan elegante, educada, respetada. Salude con la mano al Sr. de los cabellos de algodón. Tan blanco, tan perfecto que me dieron deseos de tocarlos para asegurarme que eran cabellos reales. Su esposa se acerco a mi y me dio un beso en la mejilla marcando sus rojos labios, imposibles de quitar con servilleta húmeda. Me atrevería apostar que al siguiente día aún quedaba restos de su carmín en mis pálidos cachetes. Entonces cuando lo vi, sentí que mis piernas no tenían fuerzas para mantenerse en pies. Nuevamente la respiración se me entre-corto, pero esta vez sentía que sudaba frío. Muy frío... Mi madre se adelanto a mis deseos de salir huyendo, ¿pero porque deseaba huir?
¿A caso no era él lo que deseaba en la mañana?


-Por favor, pasen al comedor. Deben tener mucha hambre. Hemos preparado...


No escuche nada más. Desde ese instante mis movimientos fueron automáticos. No probé bocado alguno, solo acerque la copa de agua varias veces a mi boca para disminuir la sequedad que los nervios me provocaban. Seguramente mi padre se molestaría al ver mi comportamiento tan extraño, pero al parecer no tenía tiempo para fijarse en esos detalles. Eso me alivio bastante.


Dentro de mi estado robótico - fuera de este mundo -  Arropada por nerviosismo-y en ocasiones - falta de aire; la mirada perdida, llorosa, casi muerta de mi hermana llamaron mi atención. Ahora era ella quien estaba pálida. Podría creer que sui piel estaba helada y no levantaba su mirada más allá del plato. ¡Pobre! ¿Qué estará pensando? ¿Se irá a enfermar? No dejaba de formularme preguntas. Era tan raro verla así. Ella tan hermosa, elegante, educada, inteligente. Siempre tan conversadora... El día antes, en la mañana había llegado de Reino Unido, estudiaba en Oxford University. Pasaría sus vacaciones de navidad con nosotros. Eso me llenaba de alegría. Realmente extrañaba a mi hermana y no deseaba que el poco tiempo que teníamos para compartir se viera nublado por alguna enfermedad.

...

Recuerdo que esa noche permanecí sentada en el suelo, al lado del tocador blanco de madera que hacía juego con mi cama. Todos dormían menos yo. Todo en mi mente era confuso. Intentaba recordar lo que se hablo durante la cena, pero me parecía extraño que solo mi padre y su padre hablaran alegremente. Mi madre tenía una expresión casi muerta al igual que su madre. Él, en cambio, no recuerdo. Ni siquiera tuve el valor de mirarlo a la cara. ¿Por qué estaba en mi casa, con su familia? ¿Qué estábamos celebrando? Dentro de todo lo ocurrido, que por cierto, me parecía un tanto extraño, lo más que me impaciento fue mi hermana. No gesticulo palabra alguna durante la cena ni en la hora del té. ¿A caso estaba tan confundida como yo? ¿Sabía algo que yo desconocía?... Las horas pasaron lentas y yo no pude conciliar el sueño hasta las 4:00am

-¡Que aspecto tienes! Niña mírate. ¿No dormiste bien toda la noche? Luces peor que tu hermana y eso es mucho decir.

Mire a mi hermana que en ese momento se estaba llevando una rebanada de pan a la boca. Mi padre realmente tenía razón. Lucía cansada. Tenía grande ojeras y sus ojos daban la impresión que se había desvelado toda la noche llorando... Sacudí la cabeza en gesto de negación. Sentía que me iba a estallar. Mis ojos tenían un aspecto desconcertante. Mi pelo parecía a la melena de un león... Desayune lo más rápido que pude. Me arregle a toda prisa y puse en marcha mi plan de acción pautado por mi madre...

Primero fui al mercado en busca de verduras frescas. Mi madre quería preparar de almuerzo batatas en escabeches con bacalao en salsa de berenjena. Después me dirigí a la capilla para entregarle una carta al Padre Benito. En ese momento nada me parecía extraño, pensaba que mis padres lo estaban invitando a cenar el día de Noche Buena. Padre Benito era muy amigo de la familia y nos recordaba con mucho cariño.

Cuando llegue a la casa, mi madre y hermana me estaban esperando para comenzar a preparar el almuerzo. Estuvimos el tiempo que duró la preparación en silencio. El ambiente estaba tenso. Algo dentro de mi, decía que todo tenía que ver conmigo, pero yo no tenía idea del porque.

Mientras almorzábamos, el cartero llamo a la puerta. Conteste su llamado y recibí dos cartas. Una dirigida a toda la Familia Gandalf y otra a mi hermana Alexxa. Aquella carta, su carta, tenía una letra hermosa que nunca había visto. El nombre de mi hermana escrito tan perfecto en ese sobre color rosado. El mismo color rosa que conserva los bebes en sus mejillas al nacer. Perfumado suavemente con el olor de la lavanda... La primera carta tenía como remitente el apellido de los Luvice. Nos invitaban a cenar el 24 de diciembre a las 6:00pm en su casa. En ese momento pensé que sería imposible asistir porque nosotros también tendríamos una cena ese día y habíamos invitado al Padre Benito. Yo misma "entregue" la invitación.

No puedo negar que en un momento desee que mis padres aceptaran la invitación, pero no sabía porque cuando pensaba en él y en su familia sentía un nudo en la garganta que me imposibilitaba respirar. Y era así como se marchitaban las ganas de volverlo a ver.

...

Me desperté en la madrugada, en busca de un vaso con agua. Mientras bajaba las escaleras creí escuchar unas voces que salían en dirección de la puerta del "family" que se conectaba con el jardín principal. Una de ellas [las voces] me era familiar pero no preste atención. Saciada mi sed, me dirigía al cuarto pero unos sollozos me hicieron cambiar de decisión. Con cautela, me acerque al umbral de la puerta y veo a mi hermana llorando con una mano en el pecho y otra cubriéndose el rostro... Otra ves el miedo paralizo cualquier idea de movimiento que deseaba mi cuerpo. Sentí como una brisa entro por la ventana aún abierta, revolviendo todo a su paso hasta chocar con mi rostro. Todo sucedió muy rápido pero en cámara lenta. Cuando al fin entre en mí, no logré alcanzar ver con quien mi hermana hablaba. solo quedo el celaje de aquella persona que desapareció entre la sabana negra que cubre la noche.

-¿Qué sucede? ¿Estas bien? ¿Con quien hablabas?
Mi hermana solo tuvo fuerzas para levantar su mirada, tocar mi mejilla y decirme, "no le digas a mamá que me vistes llorar". Seco sus lágrimas, me beso la frente y en silencio se dirigió a su cuarto... No sé porque me sentía tan extraña, tan culpable.

...

Como todos los jueves, preparaba mi "cake" de fresa. Luego de estar horneado lo cubría con puré de guineo que yo misma confeccionaba. En realidad era nuestro pastel favorito, el de ella y mio. Pero su sabor no era igual. Aquel pastel tenía un ligero sabor a melancolía, a secretos... Ya había pasado una semana desde que vía a mi hermana llorar, desde que recibió esa carta y desde que fuimos invitados a cenar con la familia Luvices. Desde entonces mi hermana no salía de su habitación, solo para cenar. Había bajado mucho de peso. Su piel estaba pálida, ligeramente verdosa. Su sonrisa estaba seca. En la cena a penas tocaba la comida. Cuando me miraba a los ojos intentaba regalarme una sonrisa pero ya no tenía piel en su rostro, sus ojos brillaban pero no de alegría. Era como si fuera lo ultimo que me podía regalar. Mi padre al verla tan cambiada, le preguntaba que ocurría y ella con un fino hilo de voz contestaba que estaba en medio de una investigación para la universidad y que requería mucha dedicación. Que casi no se podía concentrar y estaba estudiando la posibilidad de regresar antes a Reino Unido.

...

No me sorprendió cuando mi padre nos informo que celebraríamos Noche Buena en casa de los Louvices. Mi corazón saltaba de alegría, aunque en ocasiones confundía la alegría por nerviosismo y viceversa. Eso ocurría con mucha frecuencia, estos últimos días. No dejaba de soñar con ese encuentro. Con ese chico, el que me robo mis pensamientos cuando lo vi desde mi ventana. A veces mis sueños tenían sabores agradables, pero en otros pequeños momentos se convertían en sueños con sabor amargo que me arrojaban sentimientos de culpabilidad que invadían mi respiración. 

Aún no había visto mi imagen en aquel gran espejo redondo con bordes dorados cubierto de perlas de agua dulce que heredo mi madre de su abuela. Ella decía que en celebraciones especiales, antes de salir, debíamos mirar nuestros reflejos en ese gran espejo. De esta forma, nunca, nadie podría herir lo que eramos y presentábamos. Lo que sintiéramos al vernos importaba mucho más de lo que podíamos escuchar opinar los demás sobre nosotros.

Estaba emocionada. Cuando pude ver a mi hermana a través del reflejo del espejo, me quede sin aliento. Estaba tan... hermosa. No es que ella no lo fuera, es que solo... se veía más hermosa que nunca. Una dama perfecta. Aquel traje de seda ajustado a su cintura, color azul como el cielo, hacía juego con su cabello rubio besado por el sol, ondulado a nivel de su cintura. Llevaba un broche de perlas que recogía un poco su cabello para que no cayera sobre sus ojos. Su piel lucia tan suave, tan rosada, como la piel de un bebe. Había perdido 7 libras desde que llego, pero aún así, se veía perfecta... Mi madre era toda una dama de honor. Todas las señoras de su edad las envidiaba por lucir tan joven, tan llena de vida y ese día no era la excepción. Mi padre era toda un galón. Podía andar en trapos y aún así levantaba miradas en mujeres y jóvenes... Llego mi turno para mirarme en el espejo. Estaba nerviosa. Luego de ver a mi hermana dudaba que me gustaría lo que vería en el espejo.

La Sra. Louvices cocinaba muy rico. Debo reconocer que nunca había visto una cena de Noche Buena que luciera y supiera tan bien. La reunión parecía tener al Sr. Louvices y a mi padre muy entretenidos. La Sra Louvices, mi madre y Alexxa parecían estar en otro lugar. Permanecían calladas, distantes, con ojos lloros escuchando las grandes "hazañas"del Sr Louvices y el Sr. Gandalf. Por otro lado Él escuchaba con atención al Padre Benito que fue invitado a esta "gran cena". Yo, en cambio, no podía dejar de entrelazar mis dedos y mover el pulgar hacía al frente y hacía atrás como creando pequeños círculos.

Tink- Tink- Tink

El choque del tenedor en la copa del Sr. Louvices me trajo de vuelta a la realidad. Tomo de la mano a su esposa la Sra. Miranda de Louvices y con un gesto amable nos invito a ponernos todos de pies. Llama a su hijo y este se ubica a su lado, quedando frente a mi y a mis padres. Con la copa en alto comienza un largo discurso. Sinceramente, no preste atención a nada de lo que decían. Estaba muy ocupada pensando en mi nerviosismo y buscando un punto fijo por toda la casa para no verlo. 

-Cariño ¿estas bien?- Pregunto mi padre. - ¿Estas soñando despierta otra vez?- Me dijo en voz baja, pegándose a mi oído. Tomo mi mano fuerte de pronto todos estaban formando un circulo. Yo estaba en medio y mi corazón latía con tanta fuerza que pensaba que ellos lo podrían escuchar. 

-Estamos reunidos hoy 24 de diciembre celebrando Noche Buena. Nosotros la familia Louvices, estamos muy agradecidos con la familia Gandalf. Es por esto y por el gran afecto que tenemos hacía ustedes que hoy mi hijo tiene unas palabras que decir.

¿De que se trataba todo esto? ¿Por qué mi padre pide que me quede en medio de todos y se retira de mi lado? El Sr. Louvices y mi padre parecen muy emocionados pero en cambio Él... su rostro refleja tristeza. Mi madre tiene sus ojos cristalizados y toma de la mano fuerte a mi hermana, que cada vez más, parece distante, ausente. Su piel palidece con los segundos. ¿De que trata todo esto? ¿Qué tiene que ver conmigo? ¡Oh Dios! ¿Él se abra dado cuenta que lo observaba desde mi ventana? ¿Será de eso que  quiere hablar? ¡Ahhhhh! Que torpe soy. No debí observar. Pero si mi madre y hermana saben de esto, no se los perdonare por hacerme quedar en ridículo. 

- Señorita Camellia Isabelle Gandalf, hoy delante de sus padres el Sr. Facundo Gandalf, y la Sra. Isadora de Gandalf, de su hermana, Padre Benito y mis padres - Carraspea su garganta. La voz le tiembla. Con un delicado gesto me toma de las manos y se arrodilla. No puedo respirar. ¿Qué es todo? ¿Por qué mi padre tiene esa gran sonrisa dibujada en su rostro y mi madre aprieta con más fuerzas de la mano de mi hermana? No siento mis piernas, mi pulso se acelera, mi respiración se entre-corta. Siento mis manos sudar descontroladamente... Otra vez se carraspea su garganta y mirando a mis ojos, utilizando un tono pausado, con una voz dulce- Señorita Camellia Isabelle Gandalf hoy delante de nuestros familiares... ¿Acepta usted ser mi esposa? ¿Acepta usted convertirse en la Sra Camellia Isabelle de Louvices Gandalf? 

-¿Qué?- Grite con sequedad. Es cierto que ese chico había robado todos mis pensamientos desde le primer momento que lo vi, pero de ahí a querer casarme con un total extraño ¡jamas!

Trate de organizar todos mis pensamientos rápidamente. Pero ya no sentía nervios. Ahora una gran rabia invadía mi cuerpo. ¿Por quien me tomaban? No soy esa clase de chicas que se pone a los pies de cualquier hombre que con palabras bonitas proponen matrimonio. Y mi padre, mi madre y hermana ¿en que estaban pensando? Seguramente ellos sabían todos. ¡No aceptare! ¡No aceptare!

-¡NO ACEPTO!- Dije fuertemente apretando mis dientes, más de lo debido, porque termine con un asqueroso sabor a cobre producido por la sangre de mi ansia lastimada.

...

- No importo ni una lagrima derramada, no importo ninguna palabra, ninguna suplica. Ya se había seleccionado la fecha del compromiso formal y peor aún, la fecha para la boda. ¡Mi boda! Nuestro compromiso formal seria dentro de una semana. Pero lo peor no es eso. Mi boda será el 25 de abril. En cuatro meses. ¿Por qué tan rápido? ¿Por qué yo? ¿A caso no les importaba mis sentimientos? Es cierto que desde que lo vi no había dejado  de pensar en él, pero eso no tiene nada que ver con querer casarme. Ahora, a todo esto, como si fuera poco, mi hermana no me dirige la palabra. Se la pasa llorando en su habitación y yo sin saber porque. Mi padre esta que echa fuego cada vez que me ve. No soporta que lo hagan quedar en ridículo y según él lo humille delante de todos con mi actitud "infantil" ¡Solo por haber rechazado la propuesta de matrimonio de uno de los hijos de las familias más influyente en el país!

-Hija ¿con quién hablas?- Escuche a mi madre preguntar desde el otro lado de la puerta.
-¡Con nadie!- Dije con un tono ácido.
- Es que creí escucharte hablar...
-Mamá ¡ya basta! - La interrumpí secamente. No tenía deseo de dar explicaciones. Había pasado todo el día en mi habitación pensando en voz alta y lo menos que deseaba en ese momento era ver a alguien.
- No importa cuanto te guste o no, la decisión ya fue tomada. Tu padre es un hombre de palabras y no te permitiré que lo hagas quedar mal... Ahora, arréglate que la sra. Luvice vendrá a tomar el té con nosotros para hablar de los preparativos de la fiesta de compromiso. ¡Y más vale que te comportes! 

Parecía tan incomoda dentro de aquel elegante traje. Ya no sentía la parte inferior de mis labios, lo había mordido con todas mis fuerzas durante la "gran cena de compromiso". Toda la noche, el tiempo que duro permanecí sentada en la gran mesa cubierta por un mantel amarillo claro adornado por recipientes de cristales llenos de agua rodeando pequeñas velas flotantes. A mi lado estaba él. Tan hermoso, tan perfecto tan...

-Creo que aún no me he presentado debidamente- Decía él acercándose a mi oído hablando bastante alto, un poco intentando luchar con la música que en esos momentos salía de la pista de baile. 

Su acercamiento me tomo por sorpresa. Estaba tan hundida en mis pensamientos que di un pequeño salto cuando sentí su cálido aliento cerca de mi cuerpo. 

-Adolfo Luvices, futuro esposo de la señorita Camellia Isabelle Gandalf.- Sonrió dulcemente haciendo que mi corazón latiera con más fuerza. 
-Mucho gusto- Conteste con un tono de voz bajo, delicado, tímido.

Esas fueron las únicas palabras que cruzamos. Todo era tan raro. ¿Como era posible que me fuera a casar con un hombre al que no conocía? Al parecer el conocía todo de mi...

...

Era domingo. Leía "Hamlet" de Shakespeare en una esquina con grandes cojines blandos y cubierta con una manta de la habitación que mi padre convirtió en Biblioteca para todos, pero en especial para mí. A mi lado tenía una deliciosa taza de nutella con leche caliente adornada con whipped cream y marsh mellow que poco a poco se derretían. La habitación tenía un olor muy peculiar de los libros. Ese olor que me transporta a cualquier lugar. Cada uno hacía lo que más le gustaba. Mi padre leía el periódico sentado en una butaca de cuero que solo él podía utilizar. Mi madre tejía sentada en el gran sofá y mi hermana sentada a su lado pasaba sus nerviosos dedos por su largo cabello, hojeaba las finas páginas del libro "To kill a mockingbird" de Harper Lee. Lo había leído tantas veces pero aún así lo tenía entre su falda. Tenía los pies cruzados y los movía haciendo movimientos ligeros y nerviosos.

Aunque era año nuevo, todos estábamos muy cansados por la celebración de la noche anterior. Vestíamos con nuestra típica ropa de domingo. Pantalones largos holgados esos que se utilizan para dormir, blusas de manga larga y medias hasta las rodillas. Llovía y la casa se sentía tan fresca, tan fría, tan familiar. Por momentos se me olvidaba el enojo con mi padre.


Al parecer nada podía transcurrir con la paz que se sentía. Sonó el timbre y mi padre se ofreció abrir la puerta. Los Luvices se encontraban en el recibidor y mi padre pidió que se sentaran encaminandolos hasta la sala. Ofreció a cada uno una taza de café y nos disculpo mientras mi madre, Alexxa y yo nos dirigíamos rápidamente a nuestras habitaciones para cambiarnos y vestir algo un poco más formal. Quería verme bonita pero lucir algún vestido informal. Ya lista, me mire al espejo pero otra vez esa horrible sensación se apodero de mi respiración. Dude si quedarme en mi habitación o simplemente sentarme junto a él.


Cuando baje las escaleras ya todos estaban ahí. Alexxa había tomado mi lugar al lado de Adolfo y lucía hermosa. Se había recogido el cabello en una trenza, sus mejillas estaban delicadamente rosadas, sus labios tenían un suave brillo. Llevaba un vestido rosado "viejo" a nivel de sus rodillas. Su mirada estaba puesta en sus manos pero tenía una pequeña sonrisa.


Quería salir huyendo cuando todos se pusieron de pies para permitirme pasar. Solo que nuestras miradas se cruzaron y nuestros rostros reflejaban confusión. Entre las dos existía un código. Y justo este vestido, el mismo que ella vestía era parte de nuestro código. Cuando queríamos vernos bonitas y parecer casual lo llevábamos. Resaltaba los atributos más hermosos de nuestro cuerpo. ¿Pero por qué ella vestía el mismo traje? Yo era la que estaba comprometida. Debía ser solo casualidad... Pero tenía que reconocer ella se veía mucho más hermosa con el vestido junto a él.


Me sacudí ligeramente la cabeza como intentando espantar todos esos pensamientos. Todos se hicieron a un lado para que yo pasara. Estaba muy nerviosa. Encontré mi mirada con la de Alexxa para ver si ella me cedía su lugar pero no hubo respuesta por su parte. Me senté en la butaca blanca de piel que acompañaba el gran piano blanco de cola que había heredado mi padre de su padre. Todos hablaban y se reían animadamente. Adolfo y Alexxa parecían muy felices y hablaban con una confianza muy segura. Creo que desde que había llegado de sus vacaciones no la había visto tan brillante, tan llena de luz.


Mi madre invito a almorzar a los Luvices con la excusa de "ahora que seremos familias deberíamos compartir más seguido". La sra. Miranda acompaño a mi madre y juntas preparaban "el almuerzo". Mi padre invito al Sr. Luvices a su oficina para hablar de política, de negocios y por supuesto de nosotros como "futura familia". De pronto solo nos quedamos los tres. Un silencio incomodo. Me daba la sensación de que yo era la que estaba de más allí, junto a ellos. Me di la vuelta y para callar al silencio comencé a tocar una canción que yo misma había compuesto y mi padre había dicho que sería muy famosa si me atrevía a tocarla al mundo. Solo los libros, las letras y la música, me hacían sentir segura. Con ellos olvidaba mis nervios y me transportaba a donde quisiera. Pensé que tocar el piano sería una buena idea para romper aquel silencio incomodo que nos arropaba. Quizás se acercarían a mi y cantaríamos viejos canciones solo escucharían interesados... Al parecer ellos tenían otros planes. Hablaban muy cercas el uno con el otro. En ocasiones sonreían, y en otros momentos se miraban silenciosamente como si quisieran decir todo con sus besos. Todo esto lo podía observar cada vez que miraba sobre mi hombro.

Luego del almuerzo mi padre pide Adolfo que vallamos al jardín, de esta manera podíamos conocernos mejor. Mientras caminábamos entre el sendero de girasoles permanecíamos callados. Su mente sin duda no estaba conmigo. Me columpiaba sobre una madera blanca sostenida con soga amarilla. Mi vista estaba fija en la cocina. Veía a mi madre abrazar a mi hermana mientras ella luchaba por soltarse. En ese momento entro mi padre y con su rostro enrojecido comenzó a caminar de un lado a otro. Sus pasos se veían nerviosos y movía sus brazos agitándolos en el aire. Fue tanta mi curiosidad que me acerque a la ventana ignorando que Adolfo me seguía. Mi hermana gritaba desesperada. 

- ¿Por qué Isabelle tiene que casarse con él si soy yo su novia?

Mi padre golpeo su mejilla como nunca lo había echo. Con horror mire Adolfo quien tenía su piel pálida y sus ojos cristalizados. ¿Qué estaba ocurriendo? Comencé  correr en dirección a la casa. Mi padre golpeaba enloquecido a mi hermana. El sr. Luvices no dejaba de agitar sus brazos y gritar frenéticamente a su hijo. Su madre y mi madre lloraban desconsoladamente. Yo en medio de todos sin saber que hacer. Estaba confundida. ¿Había dicho Alexxa novio? ¿Como? Ella había estado en Oxford y nunca había hablado de algún hombre. Mi vista se nublaba, lo ultimo que alcance ver fue cuando mi padre subía a golpes a mi hermana por las escaleras y Adolfo escaparse entre las manos de su padre para correr en dirección de Alexxa, interponiéndose entre ella y mi padre.  

...


Capitulo 2 "Hay cosas que solo deseo olvidar"


Recuerdo que las ultimas palabras de Alexxa antes de desmayarme fue "Yo fui su mujer". Entonces mi historia termino ese día. Ya no podía ser yo la protagonista de esta novela. Alguien más se había ganado mi lugar. Al pasar los días ya no se hablaba de mi boda, sino de su tristeza. Mi hermana se estaba matando poco a poco. Mi padre había golpeado Alexxa ese domingo como nunca lo había echo. En su cuerpo ya no quedaba rastro de su pálida piel. Grandes y oscuros hematomas habían usurpado su color. No tenia fuerzas para mantenerse en pie y yo, bueno... Ahora es la historia de Alexxa.

Adolfo era un punto negro entre las sabanas que cubren la noche. No tenía lugar en mis pensamientos. En realidad no podía tener lugar. Con solo recordar sus palabras, deseaba que mi mundo se fundiera para siempre... Nuestra casa ya no era la misma. Todo era nada y no tenía sentido nuestras miradas. Mi madre se la pasaba llorando. Mi padre no dejaba de andar toda la casa con ese movimiento de mano y reloj que tanto lo caracterizaba cuando la ansiedad lo atacaba. Y Adolfo... Adolfo... Ya no supe nada más de él hasta hoy.

Alexxa y Adolfo habían consumado su amor días antes de nuestro compromiso formal. Ese encuentro iba ser la despedida por una separación obligada pero no deseada. Pero el destino no tardo en hacer su jugada y nueve meses después, nos encontramos diciéndole adiós Alexxa y recibiendo en nuestros brazos el producto de su amor. Y no es hasta hoy que me doy cuenta que yo solo fui una ficha mal jugada por el destino...

...


 ¿Qué fue lo último que te conté de Alexxa? ¡Ahh! ya recuerdo... La muerte de Alexxa como es normal, fue muy chocante para todos. No alcanzo a ver a su bebe. Regalo su último suspiro a la vida de esa criatura. Mi padre no podía sostener una mirada de cariño a la vida que se unía a nuestra familia. No se perdonaba el trato cruel que le había dado a su hija, pero su coraje con la vida era más fuerte, que sentía un hueco en el estomago cada vez que veía a Sofía. Sí, así nombramos a la bebe de Alexxa. Ella antes de morir, una noche, entre las pocas palabras que decía, comentó que quería llamar a su hija igual que nuestra abuela. Tener a Sofía en nuestras manos era como tener Alexxa. ambas tenían el mismo color de cabello, la misma nariz, el mismo color de piel, los mismos labios y hasta el mismo olor. Era como si Dios quisiera que nunca nos olvidáramos de Alexxa.

Creo que nunca te conté como era realmente Alexxa. Aparte de su belleza inigualable, poseía una inteligencia incomparable. Desde pequeña siempre me cuidaba y cuando las niñas del colegio al que asistiamos se burlaban de mí, Alexxa siempre estaba ahí, para defenderme. En las noches se sentaba junto a mi cama y me leía cuentos. A medida que íbamos creciendo esos cuentos se remplazaban por historias que ella misma escribía. Siempre sacaba un 10 en todas las asignaturas. Era la mejor en su clase y como era de esperarse, fue la presidenta en todas las graduaciones. Sus clases favoritas era la economía y las ciencias. Mientras cursaba su cuarto año colaboro con jóvenes universitarios de ultimo año, en una investigación de algo relacionado con los genes y fue ella la que más sobresalío. Era inteligente, hermosa y yo la admiraba con todo mi corazón. Nunca sentí celos de ella, la veía como mi hermana, amiga y como una clase de "ídola". Los días al lado de Alexxa eran mágicos. Ella siempre hacía que un día nublado o lluvioso se convirtiera en un día de historias. Un día caluroso, entre su risa contagiosa no se sentía. Yo no podía ocultar mi tristeza porque me conocía mejor que nadie. Cuando buscaba alguna respuesta me bastaba mirarla solo a los ojos. Sus ojos eran mi espejo. 

Por eso me dolió tanto descubrir que Alexxa tenía un amor secreto. No me importaba que fuera Adolfo, pero sí que fuera secreto y que no tuvo la confianza de contarme. ¿Por qué para ella era tan importante mantener su amor en secreto? Bueno, en ocasiones pienso que se debía a mi padre. El era un poco más estricto con Alexxa. Pero estaba muy orgulloso de ella. De todos sus logros y el brillante futuro que le esperaba. Quería que ella lograra todos sus sueños y luego se dedicara al amor. Es que Alexxa era diferente a mí. Sabía lo que quería, era muy decidida, se valía por sí misma y los chicos la respetaban mucho. Era más admiración que respeto. Quizás por eso mi padre perdió el control. No se imaginaba que Alexxa fuera capaz de ocultar algo tan importante. Que fuera capaz de enfrentarse ante todos por defender un amor que no tendría lugar en nuestra historia. 

Sí, ya sé que he contado mucho sobre mi padre y Alexxa y sobre mi madre muy poco. Mejor dicho nada. Y es que mi coraje hacía ella en esos momentos era tanto que intentaba ignorarla. A diario mi madre se pasaba reprochando a mi padre sus acciones para con Alexxa y yo en cambio le reprochaba a ella. Culpaba al sr. Gandalf por golpear a su hija, por ser tan desconsiderado y no darle una oportunidad. Pero para mí eso era la "gota que colmo la copa". ¿Como era posible que reclamara a mi padre? Sí, es cierto, él tenía culpa ¿pero y ella? Acaso no se daba cuenta que nunca tuvo el coraje en salir en defensa de su hija. Nunca tuvo pantalones para arrebatar Alexxa de sus manos. Ni siquiera tuvo valor para decirle a mi padre que ella lo sabía. Que no podían casarme con Adolfo. Ella era consiente de todo lo que podía provocar saber la verdad pero prefirió quedarse de brazos cruzados, guardar silencio. ¿A caso le temía? Mi padre nunca puso un dedo encima de mi madre pera hacerle daño. Nunca la trato con hostilidad. Nunca fue violento, solo ese día... No justifico sus acciones. El no debió responder de esa manera, pero ella, ¿Por qué fue tan egoísta? Esta bien que no se faltaran al respeto, pero se trataba de Alexxa. De mi hermana. -YFG-2011-12-


To be continue...

martes, 26 de junio de 2012

Pregunta inquisitiva


Se preguntaba si todos deciden esconderse de ella o simplemente no se esconden sino que se alejan. Mientras disfrutaba de su soledad, porque ya es un habito estar sola el [cual amaba] pensaba en esas palabras que nunca nadie dice, pero es, como si siempre las repitieran.

– “¿Qué hay de malo en ser como soy? Disfruto la compañía de los libros, de las páginas, de la pluma, de la tinta, de mí. Disfruto escuchar el cántico del viento. Disfruto la luz, la oscuridad, lo tenue, el frío, calor […] Y cuando estoy ahí, me siento yo. Sin complejos, con ganas, con fuerzas, sin miedos, sin tristezas. Sonrió pero con honestidad, no forzando una sonrisa amable en susurro. Cuando abrazo siento que de mi se desprende energía y eso me hace sentir muy bien.”

- “¿Pero es malo pedir que alguna vez te abracen cálidamente y te sonrían honestamente? No me esfuerzo para retenerlos pero aunque quisiera no lo lograría. Todos llegan a mí buscando palabras de aliento y trato de ser objetiva, pero solo de mi boca salen palabras sinceras […]”

Y escuchándose, entendió que es justamente eso, lo que la hace ser distinta. Tener sinceridad como cualidad no abre muchas puertas (no en su caso). ¿Pero debía cambiar?

 – “No lo creo.”- 

Las joyas


Autor: Guy de Maupassant
Fuente: Ciudad Seva



El señor Lantín la conoció en una reunión que hubo en casa del subjefe de su oficina, y el amor lo envolvió como una red.

Era hija de un recaudador de contribuciones de provincia muerto años atrás, y había ido a París con su madre, la cual frecuentaba a algunas familias burguesas de su barrio, con la esperanza de casarla.

Dos mujeres pobres y honradas, amables y tranquilas. La muchacha parecía ser el modelo de la mujer honesta, como la soñaría un joven prudente para confiarle su porvenir. Su hermosura plácida ofrecía un encanto angelical de pudor, y la imperceptible sonrisa, que no se borraba de sus labios, parecía un reflejo de su alma.

Todo el mundo cantaba sus alabanzas; cuantos la conocieron repetían sin cesar: "Dichoso el que se la lleve; no podría encontrar cosa mejor".

Lantín, entonces oficial primero de negociado en el Ministerio del Interior, con tres mil quinientos francos anuales de sueldo, la pidió por esposa y se casó con ella.

Fue verdaderamente feliz. Su mujer administraba la casa con tan prudente economía, que aparentaba vivir hasta con lujo. Le prodigó a su marido todo género de atenciones, delicadezas y mimos: era tan grande su encanto, que a los seis años de haberla conocido, él la quería más aún que al principio.

Solamente le desagradaba que se aficionase con exceso al teatro y a las joyas falsas.

Sus amigas, algunas mujeres de modestos empleados, le regalaban con frecuencia localidades para ver obras aplaudidas y hasta para algún estreno; y ella compartía esas diversiones con su marido, al cual fatigaban horriblemente, después de un día de trabajo. Por fin, para librarse de trasnochar, le rogó que fuera con alguna señora conocida, que pudiese acompañarla cuando acabase la función. Ella tardó mucho en ceder, juzgando inconveniente la proposición de su marido; pero, al fin, se decidió a complacerlo, y él se alegró muchísimo.

Su afición al teatro despertó bien pronto en ella el deseo de adornarse. Su atuendo era siempre muy sencillo, de buen gusto y modesto; su gracia encantadora, su gracia irresistible, suave, sonriente, adquiría mayor atractivo con la sencillez de sus trajes; pero cogió la costumbre de prender en sus orejas dos trozos de vidrio, tallados como brillantes, y llevaba también collares de perlas falsas, pulseras de oro falso y peinetas adornadas con cristales de colores, que imitaban piedras finas.

Disgustado por aquella inconveniente afición al oropel, su marido le decía con frecuencia:

-Cariño, la que no puede comprar joyas verdaderas no debe lucir más adornos que la belleza y la gracia, que son las mejores joyas.

Pero ella, sonriendo dulcemente, contestaba:

-¿Qué quieres? Me gusta, es un vicio. Ya sé que tienes razón; pero no puedo contenerme, no puedo. ¡Me gustan mucho las joyas!

Y hacía rodar entre sus dedos los collares de supuestas perlas; hacía brillar, deslumbradores, los cristales tallados, mientras repetía:

-Observa qué bien hechos están; parecen finos.

Él sonreía diciendo:

-Tienes gustos de gitana.

Algunas veces, por la noche, mientras estaban solos junto a la chimenea, sobre la mesita donde tomaban el té, colocaba ella la caja de tafilete donde guardaba la "pacotilla", según la expresión de Lantín, y examinaba las joyas con atención, apasionándose como si gozase un placer secreto y profundo. Se obstinaba en ponerle un collar a su marido para echarse a reír y exclamar:

-¡Qué mono estás!

Luego, arrojándose en sus brazos, lo besaba locamente.

Una noche de invierno, al salir de la Ópera, ella sintió un estremecimiento de frío. Por la mañana tuvo tos; y ocho días más tarde murió, de una pulmonía. Lantín se entristeció de tal modo, que por poco lo entierran también. Su desesperación fue tan grande que sus cabellos encanecieron por completo en un mes. Lloraba día y noche, con el alma desgarrada por un dolor intolerable, acosado por los recuerdos, por la voz, por la sonrisa, por el perdido encanto de su muerta.

El tiempo no calmaba su amargura. Muchas veces, en las horas de oficina, mientras sus compañeros se agrupaban para comentar los sucesos del día, se le llenaban de agua los ojos y, haciendo una mueca triste, comenzaba a sollozar.

Había mantenido intacta la habitación de su compañera, y se encerraba allí, diariamente, para pensar; todos los muebles, y hasta sus trajes, continuaban en el mismo lugar, como ella los había dejado.

Pero la vida se le hizo dificultosa. El sueldo, que manejado por su mujer bastaba para todas las necesidades de la casa, era insuficiente para él solo, y se preguntaba con estupor cómo se las había arreglado ella para darle vinos excelentes y manjares delicados, que ya no era posible adquirir con sus modestos recursos.

Contrajo algunas deudas y, al fin, una mañana, ocho días antes de acabar el mes, faltándole dinero para todo, pensó vender algo. Y acaso por ser lo que le había producido algún disgusto, decidió desprenderse de la "pacotilla", a la que le guardaba aún cierto rencor, porque su vista le amargaba un poco el recuerdo de su mujer.

jueves, 21 de junio de 2012

Ejercicio de la "Otra"

- ¡Calla! Esta vez quiero hablar primero. Necesito explicarte eso que no entiendes. Espera un momento y escucha mis palabras... Estoy cansada de escuchar tus miedos e ignorar los mios. Hoy comenzàremos una nueva historia pero a mi manera.

¡No! No digas que entiendes cuando no entiendes nada. Lo que crees saber, no pertenece a la realidad. Eso es solo historia que algún loco escritor aburrido se ha inventado. O quizás una realidad distorsionada llevada a una pantalla de 27 pulgadas. Es solo una triste canción que no encuentra voz y todos quieren serla. Esto es mucho más que eso. Es real. Ahoga, quema, elementos perfectos imperfectos.

Tu no sabes nada porque solo has sido viento, yo en cambio, he sido tormenta, huracán y ciclón. Tu no entiendes nada porque no lo has sufrido, ni herido. En cambio yo he sido cara y cruz. He sufrido, dañado. He sufrido por ser cara, cuando debía ser cruz. Que es lo mismo ser postre en lugar de cena.

¡No! Escucha... No digas que lo sientes cuando no tienes idea de lo que se siente. Que en un segundo puedes ser cielo y en otro infierno. Y la culpa se apodera de tu cuerpo y comienzas hacer el ejercicio de la "otra". Y es así como te das cuenta que eres la otra y te han cambiado por otra.

martes, 19 de junio de 2012

El gato negro



Autor: Edgar Allan Poe
Titulo original: The black cat 
Traducido por: Julio Cortázar




No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y efectos naturales.



Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter. La ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la retribución que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.

Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.

Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.
Plutón -tal era el nombre del gato- se había convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.

Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo, conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba -pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?-, y finalmente el mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.

Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.

Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.

martes, 12 de junio de 2012

El Collar


Autor: Guy de Maupassant 
Titulo original: The necklace
Fuente: Ciudad Seva


Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote, y no tenía esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y aceptó entonces casarse con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública.

No pudiendo adornarse, fue sencilla, pero desgraciada, como una mujer obligada por la suerte a vivir en una esfera inferior a la que le corresponde; porque las mujeres no tienen casta ni raza, pues su belleza, su atractivo y su encanto les sirven de ejecutoria y de familia. Su nativa firmeza, su instinto de elegancia y su flexibilidad de espíritu son para ellas la única jerarquía, que iguala a las hijas del pueblo con las más grandes señoras.

Sufría constantemente, sintiéndose nacida para todas las delicadezas y todos los lujos. Sufría contemplando la pobreza de su hogar, la miseria de las paredes, sus estropeadas sillas, su fea indumentaria. Todas estas cosas, en las cuales ni siquiera habría reparado ninguna otra mujer de su casa, la torturaban y la llenaban de indignación.

La vista de la muchacha bretona que les servía de criada despertaba en ella pesares desolados y delirantes ensueños. Pensaba en las antecámaras mudas, guarnecidas de tapices orientales, alumbradas por altas lámparas de bronce y en los dos pulcros lacayos de calzón corto, dormidos en anchos sillones, amodorrados por el intenso calor de la estufa. Pensaba en los grandes salones colgados de sedas antiguas, en los finos muebles repletos de figurillas inestimables y en los saloncillos coquetones, perfumados, dispuestos para hablar cinco horas con los amigos más íntimos, los hombres famosos y agasajados, cuyas atenciones ambicionan todas las mujeres.

Cuando, a las horas de comer, se sentaba delante de una mesa redonda, cubierta por un mantel de tres días, frente a su esposo, que destapaba la sopera, diciendo con aire de satisfacción: "¡Ah! ¡Qué buen caldo! ¡No hay nada para mí tan excelente como esto!", pensaba en las comidas delicadas, en los servicios de plata resplandecientes, en los tapices que cubren las paredes con personajes antiguos y aves extrañas dentro de un bosque fantástico; pensaba en los exquisitos y selectos manjares, ofrecidos en fuentes maravillosas; en las galanterías murmuradas y escuchadas con sonrisa de esfinge, al tiempo que se paladea la sonrosada carne de una trucha o un alón de faisán.

No poseía galas femeninas, ni una joya; nada absolutamente y sólo aquello de que carecía le gustaba; no se sentía formada sino para aquellos goces imposibles. ¡Cuánto habría dado por agradar, ser envidiada, ser atractiva y asediada!

Tenía una amiga rica, una compañera de colegio a la cual no quería ir a ver con frecuencia, porque sufría más al regresar a su casa. Días y días pasaba después llorando de pena, de pesar, de desesperación.
Una mañana el marido volvió a su casa con expresión triunfante y agitando en la mano un ancho sobre.
-Mira, mujer -dijo-, aquí tienes una cosa para ti.

Ella rompió vivamente la envoltura y sacó un pliego impreso que decía:

"El ministro de Instrucción Pública y señora ruegan al señor y la señora de Loisel les hagan el honor de pasar la velada del lunes 18 de enero en el hotel del Ministerio."

En lugar de enloquecer de alegría, como pensaba su esposo, tiró la invitación sobre la mesa, murmurando con desprecio:

-¿Qué haré yo con eso?
-Creí, mujercita mía, que con ello te procuraba una gran satisfacción. ¡Sales tan poco, y es tan oportuna la ocasión que hoy se te presenta!... Te advierto que me ha costado bastante trabajo obtener esa invitación. Todos las buscan, las persiguen; son muy solicitadas y se reparten pocas entre los empleados. Verás allí a todo el mundo oficial.

Clavando en su esposo una mirada llena de angustia, le dijo con impaciencia:

miércoles, 6 de junio de 2012

Korean spicy stir-fried chicken breast with white rice

Hola.

Hoy quiero compartir unas fotos de un plato muy especial para mí. Me encanta cocinar y creo que se me da muy bien. Siempre busco hacer platos diferentes y mucho más si se trata de comida Asiática. Sí, sé que luce muy puertorriqueño, pero creanme seguí la receta sin cambiar ningún ingrediente.

Las fotos no son profesionales, pero al menos se ve muy apetitoso.



Arroz blanco, Korena spicy stir-fried chicken breast, vegetales con soya y salsa dulce-picante.





Fotos por: Yesenia Figueroa
5/junio/2012
¡Buen Probecho!

martes, 5 de junio de 2012

El barril de amontillado




Autor: Edgar Allan Poe
Titulo original: The Cask of Amontillado
Traducido por: Julio Cortázar


Lo mejor que pude había soportado las mil injurias de Fortunato. Pero cuando llegó el insulto, juré vengarme. Ustedes, que conocen tan bien la naturaleza de mi carácter, no llegarán a suponer, no obstante, que pronunciara la menor palabra con respecto a mi propósito. A la larga, yo sería vengado. Este era ya un punto establecido definitivamente. Pero la misma decisión con que lo había resuelto excluía toda idea de peligro por mi parte. No solamente tenía que castigar, sino castigar impunemente. Una injuria queda sin reparar cuando su justo castigo perjudica al vengador. Igualmente queda sin reparación cuando ésta deja de dar a entender a quien le ha agraviado que es él quien se venga.

Es preciso entender bien que ni de palabra, ni de obra, di a Fortunato motivo para que sospechara de mi buena voluntad hacia él. Continué, como de costumbre, sonriendo en su presencia, y él no podía advertir que mi sonrisa, entonces, tenía como origen en mí la de arrebatarle la vida.


Aquel Fortunato tenía un punto débil, aunque, en otros aspectos, era un hombre digno de toda consideración, y aun de ser temido. Se enorgullecía siempre de ser un entendido en vinos. Pocos italianos tienen el verdadero talento de los catadores. En la mayoría, su entusiasmo se adapta con frecuencia a lo que el tiempo y la ocasión requieren, con objeto de dedicarse a engañar a los millionaires ingleses y austríacos. En pintura y piedras preciosas, Fortunato, como todos sus compatriotas, era un verdadero charlatán; pero en cuanto a vinos añejos, era sincero. Con respecto a esto, yo no difería extraordinariamente de él. También yo era muy experto en lo que se refiere a vinos italianos, y siempre que se me presentaba ocasión compraba gran cantidad de éstos.


Una tarde, casi al anochecer, en plena locura del Carnaval, encontré a mi amigo. Me acogió con excesiva cordialidad, porque había bebido mucho. El buen hombre estaba disfrazado de payaso. Llevaba un traje muy ceñido, un vestido con listas de colores, y coronaba su cabeza con un sombrerillo cónico adornado con cascabeles. Me alegré tanto de verle, que creí no haber estrechado jamás su mano como en aquel momento.

miércoles, 30 de mayo de 2012

No quiero ser un lápiz


Hoy quiero presentarles una entrada muy importante para mí. Algo diferente pero muy divertido. Les cuento como va la cosa... Hoy junto a Sherley del blog Impulsiv@ realize un ejercicio de creatividad que consistía en escribir un texto en poco tiempo utilizando una frase aleatoria. No les puedo negar que estaba muy nerviosa. Era solo un ejercicio pero podía sentir la presión del ejercicio. Pero es muy interesante. Los animo a que lo realicen con sus amigos, familiares o con ustedes mismo.

** Si desean leer mi ejercicio de creatividad solo tienes que darle un click a aquí.

Les presento el texto de Sherley. La frase de su ejercicio fue "No quiero ser un lápiz...





El brillo intenso de aquel color blanco molestaba grandemente mis ojos. Por eso en aquel instante se deslizaba suavemente una huella de carbón; pero lo que no saben es que para poder dejarla era necesaria una fuerza. Aquella fuerza constreñida entre tus dedos afloraba formas y palabras. Muchas de ellas no eran necesarias, ni reales, simplemente no eran nada. Y como lápiz condenado a la fuerza de dos dedos vivo yo. Pero hoy he decido que no quiero ser un lápiz. Seré acrílico libre que corre por el lienzo que cargará en las paredes de algún museo la representación de mi libertad.


martes, 29 de mayo de 2012

El corazón delator


Autor: Edgar Allan Poe
Titulo original: The tell-tale heart
Traducción: Julio Cortázar


¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.
Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:
-¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.